martes 24 de enero de 2012

La Travesía del Artista

El Artista no conocía las palabras. Se movía entre gestos en blanco y negro: sonrisas, caras de puchero, cejas en alto, guiños de ojo, manos tendidas, taconeo elegante… Su cuerpo todo respondía con docilidad y encantaba a todo público, que le rendía pleitesía y entrega.

Hasta que un día llegaron las palabras y los sonidos. En masa. Y el público entonces fiel se volcó a la novedad incondicionalmente, en ese mundo que comenzaba a aturdir y a aturdirse.

El Artista se vio solo. Aislado. Incomprendido. Fuera de sitio. El mundo cambiaba y él no había sido capaz de verlo con sus ojos y ejercer ese cambio con todos sus sentidos. Se aferró a lo que conocía: su zona de comodidad de los gestos, que eran suyos y que no conocían las palabras y los sonidos.

La industria, que había sido suya, le dejó. También su esposa. Y sus palmeros. Hasta su elegante smoking. El Artista intentó despedir a su ayudante, quien no cejó en su fidelidad. En la mayor tragedia: la del desamparo, quedó como aquel amigo que resiste y que llega cuando todos los demás se han ido.

Fue su valet quien le salvó del hundimiento y le permitió naufragar, con su perro fiel que hablaba su mismo lenguaje gestual y que era capaz de decir. Fueron ellos quienes tendieron la mano hacia aquella mujer de ojos vivaces crecida en el mundo de las palabras, que vivía su apogeo estelar y que había entrado en él por la gentileza del Artista, su alter ego gestual.

Una mujer que devolvería al Artista su oportunidad, con la opción de buscar hueco a la valía de los gestos en ese nuevo orden de relaciones y entramados tejidos por las palabras, tan instaladas ellas.

La vida, que siempre da revancha, confabuló para que el Artista pudiera sobreponerse a su propio naufragio. Le salvaron la mano invisible de un amor que se hizo incondicional, compartido y visible, gritando al mundo con gestos que también podía vivirse con ellos en este mundo de las palabras.

Fotografía: Jean Dujardin y Bérénice Bejo, en un fotograma de la película “The Artist” (Michael Hazanavicius, 2011), en Google Imágenes.

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